ENTREVISTA AL PRESIDENTE DEL GRUPO DAVILA

Eduardo Davila

@por Por Justin Archard / 14 de febrero 2024
Heavy Lift&Project Forwarding International

Justin Archard es Socio Director y Fundador de One World Shipbrokers GmbH, con más de 23 años de experiencia comercial y  operativa  en todo el mundo en cargas pesadas y proyectos a granel , Creador del Market Sentiment Index para la industria MPP y Redactor de reportajes para la revista HLPF (Heavy Lift&Project Forwarding International)

HLPFI CONOCE A: EDUARDO DAVILA

Por Justin Archard / 14 de febrero 2024

“La empresa siempre es lo primero. Antes que tu mujer, antes que tu familia, porque es algo muy exigente. Cuando tu empresa te reclama no puedes prestar atención a ninguna otra cosa. Al menos así ha sido para mi y mi familia lo ha entendido”. Eduardo Davila, presidente de Joaquín Dávila & Cía., habla de su trayectoria, con Justin Archard.

El nombre de esta orgullosa empresa familiar goza de gran prestigio en España y casi todos los miembros de la familia Davila, tanto en España como en el extranjero, trabajan en la organización.

 En una elegante calle lateral del centro de Madrid, en la tercera planta de un discreto edificio señorial, se encuentra la sede de Joaquín Davila & Cía., la empresa bajo la que opera el Grupo Davila, dedicado al sector de transporte y logística.

Eduardo Davila, presidente de Joaquín Davila & Cía., pertenece a la tercera generación de la familia Davila al frente de la empresa y, a sus 66 años, se prepara para ceder las riendas a su hijo Pelayo. Le hice una visita a Eduardo para interesarme por su singular vida, sus ideas sobre la sucesión (no la de la serie de TV) y lo que se requiere para construir una empresa de éxito.

No es la primera vez que veo a Eduardo, pero aun así estoy algo nervioso; ese cosquilleo de nervios que sientes en el estómago cuando te encuentras con alguien a quien admiras, como cuando intercambié una breve mirada con uno de mis héroes del rock en una desierta tienda de lanas en Islandia. Luego me tiré de los pelos por no aprovechar la oportunidad de entablar una conversación.

 

Impecablemente vestido

Cuando me hacen pasar al despacho de Eduardo, él ya está de pie junto a su mesa, listo para recibirme. Con camisa de cuello abierto e impecablemente vestido, es cálido y generoso en su recibimiento. Su innata naturalidad recuerda a Roger Federer o a Sean Connery, pero su mirada es firme y acerada.

Para cualquiera con un mínimo de curiosidad por la historia del transporte marítimo, el despacho de Eduardo es un lugar en el que se puede estar durante horas sin aburrirse. Cuadros, fotos, mapas, piezas de latón y montones de libros tienen, todos, historias que contar. En una vitrina de cristal los trofeos de un piloto de carreras de éxito y sobre la mesa una antología de 200 páginas recopilada con todo cariño sobre los más de 100 años de historia de la empresa familiar.  Las paredes, el suelo y todo lo que contiene están impregnados de historia.

 

Mientras nos instalamos en un par de cómodos sillones, nos sirven un café y le pregunto a Eduardo por sus planes de futuro. Ya me había comentado que tenía intención de jubilarse antes, pero es evidente que algo le ha impedido hacerlo. Aunque sigue en forma y comprometido, en el 2024 cumplirá 50 años al frente de la organización y, en ese tiempo, ha transformado la historia de la empresa, que pasó de ser naviera y agencia marítima en dificultades, a un Grupo industrial diversificado de transporte, logística de transportes, naviera y agencia marítima que emplea a más de 500 personas.

“Sí, me jubilaré”, dice. “Ya lo intenté, pero Pelayo y Jaime [Jaime Mauriño, amigo íntimo de Eduardo, colaborador y consejero delegado de Altius Forwarding, una empresa de Davila] me pidieron que me quedara. Así que aquí estoy”.

El nombre de esta orgullosa empresa familiar goza de gran prestigio en España y casi todos los miembros de la familia Davila, tanto en España como en el extranjero, trabajan en la organización. Eduardo tiene tres hijos -Román, Pelayo y Flavia- a los que ofreció una invitación abierta para unirse a sus filas. Pelayo y Flavia aceptaron la invitación. Su hijo mayor, Román, al igual que su padre, lleva los coches en la sangre y eligió la industria automovilística, que le llevó inicialmente a la planta de Mini Cooper en Chile. Hoy se encuentra en el taller de Ferrari en Madrid.

 

El nombre de esta orgullosa empresa familiar goza de gran prestigio en España y casi todos los miembros de la familia Davila, tanto en España como en el extranjero, trabajan en la organización.

La empresa se está preparando para pasar a ser dirigida por Pelayo en un futuro (más o menos) próximo, para lo cual Pelayo se ha estado preparando durante mucho tiempo, trabajando dentro de las empresas de Davila sin responsabilidades de gestión. Su paso por Peter Doehle, Kuehne + Nagel y SAL Heavy Lift en Hamburgo le ha ayudado a ampliar su experiencia y a ver el sector desde distintos puntos de vista.

Es una transición muy suave”, dice Eduardo. “No hay ninguna prisa. Tanto su hermano como su hermana confían plenamente en él”.

Nuestra conversación fluye fácilmente de un tema a otro; la historia de la familia y de la empresa es tan fascinante como importante es su huella en la historia marítima de España. Sin embargo, me doy cuenta de que Eduardo nunca se refiere a sí mismo como líder, director general o Consejero Delegado, prefiriendo el apelativo de empresario. Lo cual tiene una importancia fundamental para su propio espíritu. Creador de nuevas oportunidades, ha formado equipos con los mejores que ha podido encontrar para gestionar y operar los negocios que desarrolla.

 

Consejos fundamentales

Al transmitir su experiencia a Pelayo, le dice: “Lo más importante es rodearse de la gente adecuada. Debes unir tu destino al de ellos. Es algo que tienes que compartir”.

Pero remontémonos a 1986. La empresa estaba controlada por dos familias: la de la madre de Eduardo y la de su tío Ramón. Eduardo, el mayor de diez hermanos, se encontró de pronto como cabeza de familia tras la prematura muerte de su padre, Román Fernández Davila, en 1974. En tiempos de su padre, a quien Eduardo describe como “un gran hombre, uno de los mejores empresarios de Galicia”, la empresa era un conglomerado de 6.000 empleados con participaciones en astilleros, naviera, industria pesada y agencias marítimas y de aduanas. La liquidación de los astilleros y de la industria pesada se produjo necesariamente tras el fallecimiento de su padre para gestionar una deuda considerable, dejando las actividades de armadores y agencias mar´timas y de aduanas; sin embargo, el accionariado estaba muy diluido, por lo que era difícil ejercer una influencia efectiva y lograr cambios.

Tras pasar un tiempo en la empresa sin ningún propósito real y albergando una pasión por la conducción (un accidente anterior que le postró en cama durante tres meses no consiguió disuadirle), Eduardo se compró lo que él describe como un coche modesto. “Era lo único que podía permitirme”, dice, y empezó a competir en  pruebas de automovilismo.

En su primer año se proclamó campeón de Castilla y, pletórico con la confianza de la juventud, se pasó a un Renault 5 Turbo con el que competir por el campeonato de España. Cualquiera que recuerde ese coche de rallies con tracción trasera central recordará también sus escandalosas prestaciones para la época. Eduardo compitió y ganó el campeonato de España de Montaña en la categoría GT. “Me hice modestamente famoso”, se ríe. Y entonces llegaron las ofertas de las escuderías.

 

Al transmitir su experiencia a Pelayo, le dice: “Lo más importante es rodearse de la gente adecuada. Debes unir tu destino al de ellos. Es algo que tienes que compartir”. – Eduardo Davila

 

Ese fue el momento decisivo, una encrucijada en el camino. ¿Pensar con el corazón y convertirse en piloto de carreras profesional y quizás alcanzar la gloria internacional, la fama y la adulación, o pensar con la cabeza y volver al negocio familiar con todas sus complicaciones?

Escisión de la empresa

La historia nunca nos revelará el éxito que pudo haber tenido como piloto de carreras profesional (todavía corre con su Porsche 911 por diversión), pero él había concebido un plan para escindir la empresa, lo que permitiría a las dos familias satisfacer sus distintas necesidades y presentar un proyecto para el futuro.

Por un lado,  las agencias marítimas; por otro, la naviera; lo segundo sería para su madre; lo primero, para su tío Ramón. Eduardo daría el salto a las agencias marítimas y ayudaría a construir un nuevo futuro para la empresa con ésta como vehículo principal.

El padre de Eduardo había encargado al astillero lo que ahora sólo puede calificarse de visionario: un nuevo tipo de barco. Vigo -la ciudad natal y actual de la familia Davila- se estaba convirtiendo en sede de fábricas de automóviles. Citroën y Peugeot se habían establecido allí, y a él se le ocurrió la idea de un buque ro-ro especializado en el transporte de automóviles a otros mercados europeos.

Al cabo de un año, GM y Ford establecieron fábricas en España y Seat amplió sus operaciones. El negocio creció rápidamente. Un amigo de la familia, el famoso naviero noruego Andreas Ugland, se incorporó como socio para operar los buques bajo el nombre de UECC. Había nacido el moderno buque ro-ro de carga rodada. Tuvo mucho éxito, “casi un monopolio en el mercado del transporte marítimo de corta distancia”, recuerda Eduardo. Cuando se vendió a NYK en el 2000, los ingresos proporcionaron seguridad a la madre de Eduardo y a sus hermanos.

En cuanto a las agencias marítimas, el plan consistía en desarrollar el negocio de las agencias de líneas regulares, especialmente en el Mediterráneo, y Eduardo consideraba que esa era su tarea. Recuerda: “En aquel momento no teníamos mucha cobertura de agencias fuera de Vigo y, según los términos del acuerdo con mi tío, no se me permitía participar en el negocio de Vigo. Se abrieron oficinas en Barcelona, Valencia y Algeciras, que se sumaron a las que teníamos en Bilbao, Cádiz y Sevilla. Eran los tiempos de las grandes líneas transoceánicas  y de la relación directa y personal del agente con el armador.»

“En aquel tiempo viajaba mucho, 200 días al año. En aquellos tiempos se podía tener una relación directa con el armador. Hoy es totalmente imposible con los conglomerados multinacionales. No tienen “propietarios” y las decisiones de las agencias se toman a un nivel inferior. Formábamos un equipo fantástico y nos dedicábamos tan a fondo que conseguimos captar muchas agencias”.

 

Amenaza existencial

Pero casi tan pronto como llegó el éxito, una amenaza potencialmente existencial se cernió sobre España. En 1993, poco después de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, España estaba sumida en una deuda crónica y una profunda recesión. Las empresas se hundían.

Una parte importante del grupo de agencias estaba ubicada en Vigo, que era y sigue siendo el mercado de pescado más importante de Europa, y Davila ha desempeñado durante mucho tiempo un papel significativo en el servicio a ese mercado. En aquella época, la empresa era agente marítimo y agente de aduanas para la importación y exportación de pescado congelado, lo que en aquel tiempo también implicaba la responsabilidad ante las autoridades por el IVA y los derechos de aduana. La quiebra de empresas dejó a Davila con deudas incobrables enormemente elevadas.

Pensé: ¡oh, no! Acabamos de empezar y ya nos estamos hundiendo. Pedimos financiación a los bancos, pero no fue suficiente. Así que llamé a mi madre y le dije: ‘Necesito tu ayuda’”.

Mientras relata este momento, la voz de Eduardo se apaga y hay un momento de reflexión. Nos acomodamos de nuevo y nos ponemos otro café.

(pie de foto): De izquierda a derecha: Eduardo Davila, Jaime Mauriño, Guillermo Pla (asesor legal jefe y miembro del consejo de administración), Ana González (esposa de Eduardo), Román Davila, Flavia Davila y Pelayo Davila.

Su madre tomó una participación en la empresa y le concedió un préstamo. El tío Ramón redujo su participación y en dos años se devolvió el préstamo. Mediante una operación de «management buy out», Eduardo adquirió las acciones de su madre y, posteriormente, las que quedaban del tío Ramón. Ahora era, por fin, accionista al 100% y presidente de la empresa.

A principios de los 90 también estaba ocurriendo otra cosa: la carga tradicional se estaban containerizando. La carga fraccionada se metía en contenedores y el pescado congelado en contenedores frigoríficos. Buscando una nueva división de negocio, Eduardo planteó a las autoridades de Vigo la posibilidad de desarrollar una Terminal de contenedores. “Fue muy fácil”, dice. “Cualquier ciudad portuaria quiere dos cosas: contenedores y coches”.

Consiguió el capital necesario, urbanizó el terreno y compró una grúa de contenedores de segunda mano a Sealand, en Rotterdam, que remolcó en una gabarra hasta Vigo. Con una modesta capacidad inicial de 12.000 contenedores al año, ha crecido hasta los 200.000, aunque la falta de espacio ha limitado su crecimiento.

En todo caso, el puerto de Vigo es un importante centro de almacenamiento de cargas refrigeradas y ahora también de fruta. Es uno de los principales puertos para Del Monte. Una de las empresas del grupo, Altius Forwarding, se encarga de traer los contenedores, generalmente desde Sudamérica, para vaciarlos y volver a llenarlos de productos para sus clientes y embarcarlos de nuevo. El ferrocarril podría ser el próximo desarrollo empresarial en la agenda, con una licitación recientemente obtenida para operar la Terminal ferroviaria de mercancías en Vigo. El objetivo es mejorar las conexiones entre la ciudad y Madrid.

El éxito de Davila se debe en gran parte a Jaime Mauriño, amigo y colaborador de Eduardo, CEO de Altius Forwarding, otra empresa de éxito del Grupo Davila con gran presencia en Centro y Sudamérica. Jaime es como de la familia y mentor de Pelayo.

He tenido el privilegio de rodearme de equipos fantásticos. Si la gente confía en ti, entonces les debes cualquier éxito. Todo mi éxito se lo debo a mis equipos y a mi gente. – Eduardo Davila

“Conocí a Jaime por primera vez en 1993”, recuerda Eduardo con una sonrisa. “Necesitaba a una persona competente en finanzas, ya que estábamos atravesando grandes dificultades. Una buena amiga mía trabajaba en Arthur Andersen y le pregunté si podía recomendarme a alguien para el puesto. Conocía a dos personas que, en su opinión, tenían un espíritu demasiado independiente para tener un futuro a largo plazo en Andersen”.

Un reclutamiento clave

Conocí a Jaime y le dije ‘vas a tener una vida muy dura aquí’. Me dijo ‘vale’. ‘Vas a tener que viajar mucho’. Dijo ‘vale’. ‘¿Cuánto crees que vas a ganar?’ ‘Esto’, dijo. ‘No ganarás ni eso’, le contesté. ‘De acuerdo’, dijo Jaime. Pero yo sabía que su afición era la caza. Así que le dije ‘si de vez en cuando no apareces porque estás de caza no me importará demasiado’, y se le iluminaron los ojos. Ha hecho un trabajo enorme económicamente hablando. Fue muy valiente y eran tiempos muy, muy duros”.

Nuestra conversación continuó durante el almuerzo y más tarde durante la cena en su restaurante favorito de Madrid. Acompañados por la mujer de Eduardo, Jaime y Pelayo, charlamos durante más de 12 horas recorriendo la historia y la filosofía de una vida y una carrera extraordinarias, de las que poco puede recogerse en este breve artículo.

He contado con equipos fantásticos y profesionales fantásticos”, dice en respuesta a una pregunta sobre el significado del éxito. “Cuando estás en el negocio de la prestación de servicios, lo fundamental es tu equipo. He tenido el privilegio de rodearme de equipos fantásticos. Si la gente confía en ti, entonces les debes cualquier éxito. Todo mi éxito se lo debo a mis equipos y a mi gente”.

 

Esta entrevista se hizo originalmente en inglés, en la publicación de Heavy Lift&Project Forwarding International, realizada por Justin Archard; si desea verla en su formato original, puede hacerlo desde aquí, páginas 30 a 35