Amenaza existencial
Pero casi tan pronto como llegó el éxito, una amenaza potencialmente existencial se cernió sobre España. En 1993, poco después de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, España estaba sumida en una deuda crónica y una profunda recesión. Las empresas se hundían.
Una parte importante del grupo de agencias estaba ubicada en Vigo, que era y sigue siendo el mercado de pescado más importante de Europa, y Davila ha desempeñado durante mucho tiempo un papel significativo en el servicio a ese mercado. En aquella época, la empresa era agente marítimo y agente de aduanas para la importación y exportación de pescado congelado, lo que en aquel tiempo también implicaba la responsabilidad ante las autoridades por el IVA y los derechos de aduana. La quiebra de empresas dejó a Davila con deudas incobrables enormemente elevadas.
“Pensé: ¡oh, no! Acabamos de empezar y ya nos estamos hundiendo. Pedimos financiación a los bancos, pero no fue suficiente. Así que llamé a mi madre y le dije: ‘Necesito tu ayuda’”.
Mientras relata este momento, la voz de Eduardo se apaga y hay un momento de reflexión. Nos acomodamos de nuevo y nos ponemos otro café.
(pie de foto): De izquierda a derecha: Eduardo Davila, Jaime Mauriño, Guillermo Pla (asesor legal jefe y miembro del consejo de administración), Ana González (esposa de Eduardo), Román Davila, Flavia Davila y Pelayo Davila.
Su madre tomó una participación en la empresa y le concedió un préstamo. El tío Ramón redujo su participación y en dos años se devolvió el préstamo. Mediante una operación de «management buy out», Eduardo adquirió las acciones de su madre y, posteriormente, las que quedaban del tío Ramón. Ahora era, por fin, accionista al 100% y presidente de la empresa.
A principios de los 90 también estaba ocurriendo otra cosa: la carga tradicional se estaban containerizando. La carga fraccionada se metía en contenedores y el pescado congelado en contenedores frigoríficos. Buscando una nueva división de negocio, Eduardo planteó a las autoridades de Vigo la posibilidad de desarrollar una Terminal de contenedores. “Fue muy fácil”, dice. “Cualquier ciudad portuaria quiere dos cosas: contenedores y coches”.
Consiguió el capital necesario, urbanizó el terreno y compró una grúa de contenedores de segunda mano a Sealand, en Rotterdam, que remolcó en una gabarra hasta Vigo. Con una modesta capacidad inicial de 12.000 contenedores al año, ha crecido hasta los 200.000, aunque la falta de espacio ha limitado su crecimiento.
En todo caso, el puerto de Vigo es un importante centro de almacenamiento de cargas refrigeradas y ahora también de fruta. Es uno de los principales puertos para Del Monte. Una de las empresas del grupo, Altius Forwarding, se encarga de traer los contenedores, generalmente desde Sudamérica, para vaciarlos y volver a llenarlos de productos para sus clientes y embarcarlos de nuevo. El ferrocarril podría ser el próximo desarrollo empresarial en la agenda, con una licitación recientemente obtenida para operar la Terminal ferroviaria de mercancías en Vigo. El objetivo es mejorar las conexiones entre la ciudad y Madrid.
El éxito de Davila se debe en gran parte a Jaime Mauriño, amigo y colaborador de Eduardo, CEO de Altius Forwarding, otra empresa de éxito del Grupo Davila con gran presencia en Centro y Sudamérica. Jaime es como de la familia y mentor de Pelayo.